El fotógrafo Lawrence Schiller reveló cómo Monroe dirigía su propia imagen en 1962, durante la que sería su última sesión fotográfica antes de morir.
Monroe revisaba y destruía negativos en una farmacia de Sunset Boulevard
La sesión se realizó durante el rodaje de Something’s Got to Give en 1962. Schiller, quien entonces tenía 25 años, acompañó a la actriz a una farmacia de Sunset Boulevard donde se reunieron tras la sesión. Allí, Monroe revisó los negativos y usó unas tijeras para recortar el material que no quería que circulara.

El fotógrafo precisó que esta práctica era parte de la dinámica de trabajo entre ambos y que él mismo compartía algunas de las decisiones de la actriz. Schiller agregó que ninguna de las fotos que Monroe destruyó era material que él hubiera publicado de todas formas.
El intercambio antes de que Monroe entrara desnuda a la piscina
Antes de la sesión, la actriz planteó una pregunta que definiría las imágenes más recordadas del rodaje. Monroe le dijo: «¿Qué pasaría si me tirara a la piscina con mi traje de baño, como dicen, pero saliera desnuda?». Schiller respondió: «Ya eres una mujer famosa. Pero si tomo esas fotos, me harás famoso a mí».

La actriz replicó de inmediato: «No seas tan engreído, Larry. Podría despedirte en dos segundos». Schiller señaló que Monroe mostraba durante la sesión una actitud variable entre momentos de concentración profesional y otros de aparente distancia emocional.
«Ella controlaba la cámara»
Schiller aseveró que, pese a que Monroe trabajó con múltiples fotógrafos a lo largo de su carrera, ninguno logró capturar su verdadera esencia. Indicó que lo que cada fotógrafo obtuvo fue exactamente lo que la actriz quiso que obtuvieran.

«No creo que ningún fotógrafo capturara a Marilyn porque lo que capturaron fue lo que ella quería que capturaran. Quería ser el chapoteo en el agua conmigo. Quería ser el sueño en medio de la noche con Cecil Beaton. En resumen: ella controlaba la cámara», expresó el fotógrafo.






