El empresario tecnológico de 48 años reveló el 30 de junio que padece gastritis autoinmune, diagnosticada en mayo, que hace que su estómago «se esté comiendo a sí mismo».
Diagnóstico que tardó más de una década en identificarse
Bryan Johnson padece gastritis autoinmune (AIG), una enfermedad crónica en la que el sistema inmunitario ataca las células del estómago responsables de producir ácido gástrico. La condición deteriora la barrera protectora del estómago, reduce la absorción de vitamina B12 y puede derivar en deficiencia de hierro, anemia y mayor riesgo de cáncer gástrico. Johnson reconoció en sus redes sociales que ignora desde cuándo la padece.
Uno de los primeros indicios fue la baja ferritina, la proteína que almacena hierro en las células. El empresario reveló que durante 11 años presentó niveles reducidos de esta proteína sin que los médicos identificaran la causa. «El bajo almacenamiento de hierro se normaliza y rara vez se investiga cuando la anemia todavía no ha aparecido. Ese punto ciego fue lo que ocultó el mío durante una década», escribió en Instagram.
Además, algunas prácticas habituales de su régimen de biohacking, como el entrenamiento intenso, la sauna y el oxígeno hiperbárico, elevaron la demanda corporal de hierro, lo que dificultó aún más la detección del problema de base. Ningún suplemento oral ni formulación administrada durante ese período logró elevar sus niveles.
Cinco biopsias confirmaron la enfermedad
La confirmación llegó tras una colonoscopia, una endoscopia alta y cinco biopsias del estómago, que encontraron «signos claros de gastritis autoinmune temprana: atrofia incipiente confinada al revestimiento productor de ácido». A partir de ese hallazgo, Johnson vinculó tres problemas que hasta entonces se analizaban por separado: la deficiencia de hierro, la AIG y la enfermedad tiroidea autoinmune que ya padecía.
«El hierro y la tiroides se afectan mutuamente en ambas direcciones: el hierro bajo dificulta la conversión de la hormona tiroidea a su forma activa, y una tiroides poco activa deteriora el modo en que el cuerpo utiliza el hierro», explicó en su publicación. Johnson también señaló que, según su relato, su cuerpo comenzó a desarrollar el proceso autoinmune durante un período de estrés, alimentación poco saludable y depresión crónica que lo llevó a ganar 18 kilogramos.
| Dato | Detalle |
|---|---|
| Nombre | Bryan Johnson |
| Edad | 48 años |
| Residencia | Los Ángeles, Estados Unidos |
| Diagnóstico | Gastritis autoinmune (AIG) |
| Fecha de diagnóstico | Mayo de 2025 |
| Fecha de revelación pública | 30 de junio de 2025 |
| Condición previa relacionada | Enfermedad tiroidea autoinmune |
| Tratamiento actual | Infusiones intravenosas de hierro y monitoreo de ferritina |
Sin cura aprobada, Johnson busca enfoques experimentales
Ante la ausencia de un tratamiento curativo, Johnson anunció que desarrollará «enfoques experimentales» para atacar la enfermedad. «La medicina la trata como algo a gestionar, no a resolver», escribió. El Global Autoimmune Institute confirma que, por el momento, el tratamiento se limita al alivio de síntomas, la regulación de la anemia y cambios en el estilo de vida.
Desde el diagnóstico, el empresario optó por infusiones intravenosas de hierro, que administran una dosis completa en una sola sesión, y su equipo continuará con monitoreo rutinario de ferritina. «Ninguna condición debería presumirse incurable simplemente porque nadie ha intentado aún curarla», precisó en Instagram.
El proyecto de longevidad extrema de Johnson
Johnson invierte más de 2 millones de dólares al año en terapias orientadas a reducir su edad biológica y hacer que sus órganos funcionen como los de un varón de 18 años. Su régimen incluye decenas de suplementos diarios, una cámara hiperbárica en su domicilio e intercambios de plasma. En enero de 2026 publicó en su sitio web que aspira a vivir hasta el año 2140, cuando teóricamente cumpliría 160 años.
Su estrategia contempla el uso de inteligencia artificial para acelerar la investigación en longevidad, el testeo de nuevos tratamientos en células y órganos cultivados en laboratorio, y alcanzar lo que denomina «velocidad de escape de la longevidad», un punto en el que los avances médicos extenderían la vida más rápido de lo que él envejece.





